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domingo, 21 de septiembre de 2014

Pensamiento creativo


Crear es producir o manifestar algo de la nada, pero también significa realizar algo partiendo de las propias capacidades.

Crear es imaginar.
  


Toda creación comienza con una idea

La idea es siempre la causa. La causa es inmóvil, es eterna.
El pensamiento es el efecto. El efecto es movimiento, es fugaz.

El universo es una creación espiritual.

Cada cosa creada es un reflejo o una extensión de la mente que la creó.

Cada creación es un acto espiritual, cada cosa que se crea es una creación de la mente. La mente es lo único que hay. Es la causa original y la sustancia de todo lo que existe.

Cada creación manifiesta o refleja la idea o la imaginación del creador, y esto es válido para cualquier creación en el universo, ya sea un cuanto de energía, una célula, una canción, un ladrillo o una galaxia.

La mente no es el reflejo pero el reflejo es la mente

Un antiguo poema Zen dice:

“Cuando te miras en un espejo,
Forma y reflejo están frente a frente,
Tú no eres el reflejo,
Pero el reflejo es tú”.


 Cualquier cosa creada contiene en su esencia la mente que le dio forma e impulso. La creación no es la idea, solo la expresa, existe únicamente como creación de la mente.

La mente que se mueve se conoce como pensamiento.

Pensar por sí solo no es pensamiento creativo. 
Para poder crear, la mente debe actuar. Aplicar, mediante la energía, la idea o imaginación y plasmarla en el mundo físico.

Si la Mente Universal se hubiera limitado solo a imaginar, nuestro universo de forma y movimiento nunca hubiera existido. No hubiera sido creado. Estaría limitado solamente a la idea de sí mismo, a su imaginación, pero sin forma y vacío.

El universo creado es el resultado del pensamiento y de la acción equilibrada

 

El Creador del universo puede hacer sólo dos cosas: pensar y actuar

Para poder expresar su idea debe moverse, actuar, tiene que salir de la inercia y romper el equilibrio.

La esencia es equilibrio.
La manifestación es desequilibrio.
La idea es equilibrio.
La creación es desequilibrio.

El estado de equilibrio es inmóvil. Cero. Para poder manifestarse debe moverse, abandonar su punto de reposo, así comienza a oscilar.

Este movimiento corresponde a cargas o polos que se separan y vuelven a unirse, invirtiendo rítmicamente su polaridad, vibrando a velocidades cada vez más altas (de acuerdo a la intensidad del deseo y a la complejidad de la idea), lo que genera en la única sustancia del universo: la mente o conciencia, un aumento en su densidad, yendo desde el éter sutil hasta la materia sólida.

La ciencia a medida que trata de comprender y evoluciona, cambia sus teorías y amplia sus descripciones acerca del universo: espuma cuántica, supercuerdas, partículas virtuales, quarks, fotones, electrones, átomos, moléculas, etc. Pero estas no son más que interpretaciones humanas relativas intentando demostrar leyes absolutas de la naturaleza. 

Estas descripciones son relativas porque solo describen el efecto, que se manifiesta como forma, color y movimiento, dentro de la estrecha banda de percepción que nuestros sentidos logran captar.

Esta falsa objetividad (léase: “ver para creer”), es la causa de tantos malos entendidos y errores de la ciencia y la cultura materialista.

Solo se puede comprender el universo creado si se comprenden las maneras de su creador, y el Creador solo hace dos cosas: pensar y actuar.

Por lo tanto un ser humano, siendo su conciencia una extensión de la mente del Creador, también puede hacer dos cosas: pensar y actuar

Su universo de cosas creadas, personas y situaciones es un desequilibrio en si mismo, es un reflejo del espíritu inmóvil, de su imaginación. Es el efecto.

La ignorancia de una persona consiste en desconocer su esencia eterna e inmóvil y su poder personal

Nuestro ser expresa una idea superior y por eso se dice que estamos siendo creados.
Basta con considerar que más del 95% de nuestra conciencia permanece oculta, no es consciente, nuestra pobre experiencia consciente que es el 5% restante, en el mejor de los casos, es simplemente emergente, es el resultado de procesos no conscientes. Es el efecto, es la reacción. Por eso es un error identificarse con esta actividad fugaz y relativa de la mente.

El poder personal significa pensar y actuar a la manera del universo

Y para esto hay que conocer sus maneras. Conocerse a si mismo, es conocer las maneras del universo y las leyes naturales, porque también somos una creación, somos la naturaleza y compartimos la misma y única esencia con todo lo creado.

Las creaciones de la naturaleza son infalibles porque nacen del equilibrio de poder entre sus dos principios creadores, o sea, pensamiento y acción. 



Las creaciones de los seres humanos son falibles y esto se debe a la falta de capacidad para equilibrar sus pensamientos con sus acciones. 




La naturaleza es absoluta

Las leyes de la naturaleza surgen del desequilibrio. Sin desequilibrio no hay movimiento ni forma.
Para poder manifestarse, el principio creador debe romper su equilibrio


Sin desequilibro no hay movimiento

Cada creación que se manifiesta en el universo existe (se forma) fiel a la idea original. 
Las aspiraciones y conceptos del ser humano rara vez pueden ser fieles a la idea original. 
Sus pensamientos y acciones rara vez se equilibran. 

Cuando una persona que concibe una gran idea puede equilibrar el poder de ese pensamiento con una serie igualmente equilibrada de acciones, que logren materializar esa idea, es considerado por todos los demás como un genio.

El éxito de esa persona radica en su capacidad relativa para plasmar de la forma más fiel una idea absoluta.

El pensamiento creativo es aquel que logra manifestar la idea original mediante la creación de una forma.

Cuanto mayor sea la capacidad de una persona para expresarse creativamente, manifestando los principios universales que fluyen a través de ella, mayor será su poder. 
La fuerza creadora universal, manifestada por medio de principios o leyes naturales, debe ser el modelo para el ser humano, su guía y su objetivo.

La información es energía
El conocimiento es poder
La creatividad es acción

El conocimiento de sí mismo no es poder, tampoco la capacidad de generar grandes pensamientos constituyen tu poder personal, porque pensar sin la acción no crea nada
Ninguna idea puede ser manifestada.
El pensador no ha demostrado su creatividad hasta que no ha actuado para que se manifieste la forma concebida en su imaginación.

Pensar sin imágenes de acción, es como tratar de anudarse los cordones del calzado solo con la mente, se parece más a la imaginación del tonto. 



Un soñador o un visionario que no actúa para dar forma a sus sueños y visiones no expresa su poder. Es impotente, a pesar de que su inspiración sea la más poderosa jamás concebida por una mente humana. Son ideas vacías. No le sirven para nada a los demás ni a si mismo, aunque su éxtasis interior le haga sentirse como un dios.

Por otra parte, y por la misma razón, la acción sin pensamiento no constituye poder

Solo a través de la acción no se crea nada

A través de la acción sin imaginación, las cosas creadas por otros no son más que repeticiones. Son acciones expresadas sobre los cimientos de las creaciones de otras personas.
Las personas que actúan sin pensar, no son los creadores, son la mano de obra
Los obreros son seguidores de líderes que crean. En cierto sentido, son como extensiones físicas de la mente de su líder. 

Desde este punto de vista podemos clasificar básicamente a los humanos en dos grupos:
Los que crean y los que siguen (a los que crean), o sea, los que piensan y lideran por un lado y la mano de obra por el otro.


 Algunos son más dotados para pensar y otros para actuar, actualmente hay un tercer grupo en crecimiento aparente: los que no saben hacer nada excepto seguir y repetir.

Pero están aquellos que equilibran su mente con sus acciones y se liberan del yugo y las limitaciones impuestas por otros y por su propio ego.

Pensar es una actividad de la mente y actuar es dominio del cuerpo

La mente del sabio tiene como fuente de inspiración a la mente del Creador (la mente universal, la conciencia cósmica, Dios...), de la cual este universo creado debe su existencia y su saber. 

Para la mente del pensador no hay limitaciones porque la mente es infinita.

La mente del seguidor o repetidor está atada a su cuerpo, por lo tanto sus limitaciones son las limitaciones de los sentidos y de la realidad material a la cual está confinado. 
El seguidor o mano de obra, se resiste al cambio, porque solo está capacitado para repetir las cosas como son, no puede pensar ni actuar por si mismo.


El sabio no tiene miedo a nada, está por encima del miedo
El seguidor teme todo. Su objetividad engendra en él miedo a todo

La esencia eterna del ser humano, su centro inmóvil, es el reino de Dios, la luz quieta y silenciosa en torno a la cual emergen vibrando múltiples luces y campos de energía enroscados que usualmente llamamos "persona". 

No existe una expresión de poder allí, en absoluto, con excepción del poder expresado en la materia misma, hasta que esa persona “despierta” al conocimiento, es decir, comienza a pensar por si misma y a saber. A partir de ese momento puede expresar y desarrollar su poder personal y expandir su conciencia, sus habilidades y su capacidad de adaptación.

El único poder que tiene un ser humano está en su conocimiento. Y todo ello se expresa solamente por su pensamiento. Sin embargo, el trabajo debe ser realizado con el fin de expresar el poder.

La materialización en el plano físico es el resultado de la acción

Pero el poder que expresamos no está en el cuerpo. El poder que expresamos se encuentra en la raíz, en nuestra esencia sutil e invisible, en el punto cero, inmóvil y silencioso en nuestro interior, donde se origina la luz, el movimiento y todas las cosas. 

En ese punto de apoyo inmóvil está todo el poder. 




La acción que se extiende desde este estado de equilibrio, es la expresión del verdadero poder y es lo que llamamos Creación.


domingo, 3 de agosto de 2014

Niveles de conciencia

Budismo y conciencia

A lo largo de los siglos, a partir de la experiencia práctica de zazen, el budismo ha profundizado acerca de los niveles de conciencia y de la verdadera naturaleza de la experiencia consciente.

La palabra sánscrita vijnana, que se traduce como conciencia, incluye una amplia gama de actividades, como la sensación, la cognición, la voluntad y el pensamiento consciente.

En el siglo 4, el gran maestro indio Vasubandhu describía  a la conciencia en 9 niveles.
Según esta enseñanza budista, hay nueve niveles de conciencia que están operando constantemente juntos para crear nuestra vida.


Una sola conciencia con diferentes niveles de manifestación.

vasubandhu
Las primeras cinco conciencias corresponden a los órganos de los sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

La sexta conciencia es la función que integra y procesa los diversos datos sensoriales con información contenida en la memoria para dar un sentimiento unificador de lo que percibimos, es un tipo de pensamiento general o conciencia, que nos permite identificar la información recibida por los cinco sentidos. Es principalmente con estas seis funciones de la vida que realizamos nuestras actividades diarias.

La realidad que experimentamos está creada por estos niveles de conciencia. que dependen del soporte físico para su aparición. Es el nivel más elemental, corresponde a vibraciones en el plano físico y material. En este nivel la realidad que se percibe es física y por lo tanto más densa y limitada.

A continuación está la séptima conciencia. A diferencia de los niveles anteriores que están dirigidos hacia el mundo exterior, la séptima conciencia está dirigida hacia nuestra vida interior y es, en buena parte, independiente de los datos sensoriales.
La séptima conciencia es la base de nuestro sentido de identidad. El apego a un yo individual, distinto y separado de los demás tiene su base en esta conciencia, así como nuestro sentido de lo bueno y lo malo.

Es el asiento de los valores morales fundamentales y la base del continuo diálogo interno. Se conoce como la conciencia mano. Este estrato corresponde al subconsciente que se describe en la psicología moderna y es en donde reside nuestro sentido profundo del ego.

 Debajo de la séptima conciencia, hay un nivel más profundo, la conciencia ālaya u octava conciencia, también conocida como la conciencia imperecedera o almacén universal. Este estrato de la conciencia contiene la energía potencial, tanto positiva como negativa, creada por nuestros pensamientos, palabras y acciones. Es aquí donde reside la energía de nuestro karma. Alaya Influye en las actividades de las otras conciencias.
Mientras que las primeras siete conciencias desaparecen al morir, la octava conciencia persiste a través de los ciclos de la vida y la muerte.
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La conciencia âlaya, es el inconsciente que contiene y almacena todas las potencialidades y alimenta la conciencia. 
Es el alma universal (anima mundi). La conciencia que recoge y conserva las experiencias individuales y colectivas.

Finalmente, está la novena conciencia. Es el nivel más fundamental. Es el origen mismo de la vida universal, este nivel abarca y sustenta, incluso, la función de la conciencia âlaya. Esta es la conciencia amala, la cual tiene el poder de transformar el flujo de energía e incluso a la materia.

La conciencia tiene el poder de crear universos.


 Medicina China y conciencia

Para la Medicina china, cuerpo y mente son de una misma naturaleza: la curación del cuerpo incluye la de la mente y viceversa.

La diferencia cuerpo-conciencia establecida por la filosofía occidental resulta incomprensible para el pensamiento chino. La importancia que se le concede a la mente y a las emociones es tal que el Neijing (Canon de medicina del emperador amarillo) señala: “Si no se logra la mejoría espiritual y no se cura el mal mental, es imposible curar la enfermedad”.

Las actividades mentales se relacionan directamente con los distintos órganos y vísceras; el mal funcionamiento de cualquiera de ellos afecta a las emociones y sentimientos provocando la enfermedad.

Existen puntos de acupuntura que se usan específicamente para abrir la conciencia espiritual, son los puntos celestiales.

La naturaleza luminosa del ser, se particulariza en el ser humano en cinco aspectos: Shen, Hun, Po y sus dos aplicaciones: Yi y Zhi, que arraigan en los cinco órganos y están relacionados con los cinco elementos.

 Aspectos de la conciencia
 elemento 
 Madera 
 Fuego
 Tierra 
 Metal
 Agua
 órgano
 Hígado
 Corazón 
 Bazo
 Pulmón 
 Riñón 
conciencia
 Hun
 Shen
 Yi
 Po
 Zhi


SHEN:

Shen es la energía espiritual y psíquica, la parte divina del ser, de naturaleza esencialmente luminosa. No tiene sustancia, pero proporciona expresión y apariencia a la sustancia.
Shen designa toda la actividad mental del ser humano. El Shen de una persona reside en el corazón (que está emparentado con el intestino delgado) y se puede ver fácilmente en los ojos. Los ojos de quien tiene un buen shen centellean y están vivos.
Corresponde al pensamiento consciente. Shen es la conciencia directora, la responsable de la coherencia mental y la inteligencia.

Habita en el corazón y es indispensable para el equilibrio de las emociones. El exceso de alegría (como: superficialidad, exceso de placeres y avidez) produce excitación en el corazón, lo debilita y termina por provocar un “vacío”, originando un ciclo que va de la excitación a la depresión, dañando así la conciencia y la energía. La alegría controlada, en cambio, refuerza el fuego del corazón, estimula las funciones orgánicas, clarificando la mente y apaciguando el espíritu.

Hun:

Hun se relaciona con el cielo, genera los proyectos y gobierna el inconsciente. Está vinculado con el hígado y la vesícula biliar. Representa la percepción de los hechos, los proyectos, la intuición y la imaginación. Desencadena los impulsos necesarios para emprender una acción. Se halla en relación con el atavismo, el instinto hereditario, la fuerza de la palabra, las pulsiones y las pasiones. Controla la imaginación y desempeña un papel esencial en todo acto de creación.

Cuando se altera Hun, se afecta fácilmente la personalidad y entorno, además  produce sueño agitado, pesadillas, proyectos excesivos e incoherentes y problemas de adaptación.
Como su naturaleza es movediza y penetrante, su alteración (estancamiento, bloqueos, frustración) provoca ira y descontento. Pero en su aspecto virtuoso representa la fe y las aspiraciones superiores. Cuando Hun puede expresarse y fluir genera un medio ambiente armonioso y creativo, donde la flexibilidad y el equilibrio es la norma.

Po:

Po se relaciona con la Tierra, es la parte más corporal de la conciencia. Determina las acciones y reacciones del organismo destinadas a escoger, sin que intervenga la mente, lo que es útil para su supervivencia y a rechazar lo que le es perjudicial. Se expresa en los instintos primarios (succión, deglución...), y más particularmente en el instinto de conservación, vinculado al apego inconsciente al cuerpo.
Anida en los pulmones que gobiernan el Chi. Su emoción es la melancolía y es dañada por el exceso de tristeza (separación, muerte de un ser querido, etc.). También un Chi de pulmón insuficiente puede afectar la conciencia y generar un cuadro depresivo.
Sus cualidades superiores son el coraje y la concentración (que está íntimamente ligada a la respiración).

Hun es el aspecto más inmaterial de la conciencia, el alma divina,  mientras que Po representa el lado más material, corporal, es el alma animal.

Yi:

Yi  es la conciencia correspondiente a la reflexión, la memoria y el pensamiento. Está relacionada con el bazo y el estómago y es uno de los grandes reguladores del Shen.
Yi es la memoria del pasado, que incluye a la memoria celular y a la información genética contenida en el ADN, también se manifiesta como la capacidad de reflexión y esto la vincula con la corteza cerebral.
Su emoción es la preocupación que puede, muy pronto, convertirse en rumiación, es decir, un tipo de pensamiento que da vueltas sobre si mismo, produciendo ansiedad, nerviosismo y enfermedades digestivas.
En su aspecto positivo, Yi es la reflexión profunda que permite obtener información contenida en la memoria y en los estratos profundos..
Yi es la parte de nuestra mente responsable del registro de las experiencias, de su clasificación, conservación, compilación y reformulación. Al estar directamente unida a la memoria, gestiona la capacidad de integrar y reproducir informaciones. Esta ligada al aprendizaje.

Zhi:

Zhi corresponde a la voluntad, a la determinación, a la capacidad para realizar una intención. Aporta autoridad y afirmación al yo.
Zhi se manifiesta como el deseo de realizar un acto, de emprenderlo, es la energía mental ligada a la fuerza del carácter. Reside en los riñones que, a su vez, controlan la esencia vital y la energía ancestral.
Su deficiencia provoca miedo, indecisión y sometimiento; su exceso produce temeridad, autoritarismo y obstinación. Esta forma de conciencia también está ligada al deseo sexual.
De la profundidad de los riñones brota la sabiduría. Cuando el Chi de los riñones es abundante genera un flujo de energía e información que estimula directamente la médula ósea y el cerebro. Este aporte de información tiende a materializarse en sustancia y en acción.

La actividad funcional de cada órgano depende de la información transmitida por estas “conciencias orgánicas”, cada una de las cuales se encarga de un aspecto particular de la personalidad, del control emocional y de los modos de comportamiento ante cada situación.




miércoles, 23 de abril de 2014

La naturaleza de la experiencia mental



La conciencia y el citoesqueleto

En el nivel fundamental de la realidad física, los componentes de la materia no son materiales en absoluto. Son más bien ondas de posibilidades en estado de superposición, que colapsarán o se reducirán en un determinado cuerpo o geometría espacio-temporal al interaccionar con la consciencia del observador.

La información y la energía existen como campos de ondas fluctuando en equilibrio hasta que irrumpe la observación consciente y entonces se particulariza en una determinada realidad con su propia geometría y coordenadas espaciotemporales.
  
En los niveles fundamentales, que es el mundo que trata de describir la física cuántica, la energía y la materia se transforman sin cesar y se comportan de manera opuesta a lo que estamos habituados a percibir como “real”. 
Las partículas aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer, pero en otro lado (con lo cual no se puede estar seguro que sean las mismas, a esta propiedad se la llama principio de incertidumbre).
Otra característica del nivel cuántico es la dualidad onda-partícula de los átomos y sus componentes. Mientras que un sistema cuántico como un átomo o una partícula subatómica como el electrón, permanezca aislado de su entorno, se comportará como una "onda de posibilidades" y existirá en un estado de superposición de muchos estados posibles.

Hay algunas peculiaridades en el comportamiento de los sistemas a nivel cuántico, como ser la coherencia cuántica, relacionada con los estados en superposición, y el colapso de la información o reducción de la función de onda, que son esenciales para la manifestación de la experiencia consciente.
Todo indica que estos procesos se producen en el citoesqueleto de las células nerviosas en el cerebro, más precisamente en los microtúbulos.


Si bien no es posible “objetivar” o dar una demostración “cientifica” sobre la experiencia consciente, la percepción interior, la voluntad, la intuición y otras habilidades cognitivas superiores, etc., podemos tratar de comprender los mecanismos que permiten que seamos conscientes y las estructuras involucradas en el proceso.
Este es el objetivo del presente trabajo.

citoesqueleto
Partimos de la premisa que cada célula es una unidad de conciencia, es decir, la célula tiene un nivel fundamental de conciencia que le permite interactuar dinámicamente con su entorno: nutrirse, multiplicarse, cumplir sus funciones, adaptarse a los cambios y defenderse.



Cada célula “sabe” lo que debe hacer, lo que necesita y lo que no…

Nuestro cuerpo es especialista en supervivencia y adaptación al medio

…y esto solo es posible si hay una conciencia fundamental que se mueve y lo anima. Es el fundamento de la capacidad curativa del cuerpo y del desarrollo del poder personal.

El universo y toda la Creación, cada cosa que existe, cada partícula, tu cuerpo mismo, es la misma conciencia, vibrando y manifestándose de infinitas maneras. El Espíritu es unidad y no hay nada más que esto, lo impregna todo, variando sus grados de manifestación, desde la tenuidad más sutil hasta la materia más densa.

La experiencia consciente es una propiedad básica de la realidad física



Cualquier forma de vida, desde un simple unicelular hasta un organismo complejo, incluye un grado fundamental de conciencia. Incluso las partículas elementales, como el fotón o el electrón, tienen su nivel de conciencia y por lo tanto reaccionan a los movimientos de la mente.


El universo es conciencia viva

La conciencia no está limitada al cerebro, pero es en el cerebro donde emergen los procesos mentales y se integra toda la información recibida para elaborar una respuesta. El cerebro es el proyector de la realidad. Toma la información, la clasifica, la integra y listo: ¡luz, cámara…acción!

Captamos un estímulo, ya sea mecánico, por los receptores en la piel, o lumínico por la vista o una onda sonora captada por el oído, Los receptores de la membrana celular traducen la información en impulsos eléctricos que son conducidos por los nervios correspondientes hasta áreas determinadas del cerebro, ya sea la corteza visual (occipital), la auditiva (temporal) o la somatosensorial (parietal). Estas a su vez están interconectadas con otras zonas y núcleos cerebrales que integran y modulan la respuesta, como el tálamo, el cerebro medio y el tronco encefálico.

 Lo que vemos no es lo que ven los ojos, sino la imagen que se forma en el lóbulo occipital y que luego es interpretada, clasificada y de acuerdo a la naturaleza del estímulo se elabora una respuesta (motora, glandular, emocional, mental, etc.)

Lo mismo pasa con los estímulos dolorosos, antes de ser percibidos como tales en la corteza sensorial pasan por un filtro de conexiones cerebrales en el tálamo, el cual a su vez está conectado con el sistema límbico, que presenta estructuras como el hipotálamo, hipocampo y la amígdala cerebral que se encuentran relacionadas con la memoria y la respuesta emocional  (miedo, placer), también hay conexiones con el sistema neurovegetativo (respuesta visceral: sudoración, secreción,  taquicardia, vasodilatación, temperatura, etc.).


Luego de la toma de conciencia (experiencia consciente) y la valoración que hacemos del fenómeno, aparece la reacción o la respuesta, que guarda estrecha relación con la educación, el condicionamiento, las experiencias previas y las características de cada individuo.

La mente y la materia cambian incesantemente, aunque el cuerpo físico lo hace a una velocidad más lenta.


Todo lo que percibimos existe en relación de interdependencia con todo lo demás.
Nada existe por si mismo o por separado.

Al observar con claridad que estos componentes de la "realidad", son impermanentes y sin sustancia, disminuye el apego al mundo físico y a las emociones, y nos permite controlar y equilibrar las ilusiones y el sufrimiento.
Se dice sin sustancia, para resaltar el hecho que no poseen una naturaleza fija o inmutable. La sustancia verdadera del universo es la mente. En otras palabras:


Lo único que genera materia en el universo es la conciencia




 El pensamiento consciente emerge de procesos subconscientes

El pensamiento puede manifestarse porque a nivel cuántico se produce una reducción de los estados en superposición, o sea, todas las posibles realidades no manifestadas, colapsan en un único estado, lo que da como resultado la manifestación de un evento o experiencia consciente.

Colapsa (se reduce) la función de onda y aparece (se particulariza) el fenómeno a nivel consciente.
Esta reducción o colapso permite traspasar un umbral, por debajo del cual no se es consciente y luego si, aunque de solo una de las tantas posibilidades.
La transición entre el subconsciente y el consciente es muy sutil y depende de muchos factores.

La conciencia individual es limitada y condicionada. El inconsciente, que es parte de la conciencia universal en si misma, representa el océano de potencialidad infinita, todas las posibilidades superpuestas y no manifestadas.

Es interesante, porque esta descripción de los procesos mentales nos permite comprender que el pensamiento es simplemente una actividad de células especializadas en el cerebro. No es “real”. Es un efecto repetido. Es incompleto. Son cargas eléctricas moviéndose en busca del equilibrio perdido.

La naturaleza del pensamiento es vacuidad

El pensamiento es el resultado de la reducción, en los niveles fundamentales, de múltiples posibilidades en una sola. Esta actividad electroquímica es expansiva, genera ondas y reverberaciones que activan otras zonas del cerebro y la memoria, creando una corriente de pensamientos o flujo de conocimiento.

El pensamiento que emerge en el consciente, es decir en el plano físico de la realidad, ya fue modelado y condicionado en los niveles más profundos por los programas instalados previamente. En este punto cabe preguntarse ¿Quién soy en realidad? ¿Soy en verdad esto que pienso? ¿Soy la causa o el efecto?

Para que el pensamiento no sea condicionado y tendencioso debe ser negado, filtrado y clarificado mediante el no pensamiento, la no conciencia.
El no pensamiento interrumpe la secuencia incesante de la actividad consciente.
Permite que los sistemas recuperen el estado de coherencia cuántica, disminuyendo las reducciones (eventos conscientes) y por lo tanto la actividad mental.

Si comprendes el principio de polaridad de todas las cosas, verás con más claridad que  la actividad debe ser neutralizada o equilibrada con la no actividad, el silencio, cero.

El pensamiento que surge de esta no actividad, de este punto cero, es claro y puro y puede volver a desaparecer sin dejar huellas, es decir no forma parte de una secuencia o encadenamiento de pensamientos. No es reactivo ni es un efecto repetido o la reverberación de una onda pasada.

A este nivel de conciencia se lo llama pensamiento absoluto, conciencia cósmica, el pensamiento de Buda, mente unificada, etc. En el Zen se lo llama hishiryo: más allá del pensamiento.
El silencio interior es el punto de partida y llegada, es el punto cero.

¿Como ser consciente de la no conciencia? ¿Cómo pensar sin pensar? ¿Cómo puedo trascender mi pensamiento ordinario?

Zazen es la respuesta.




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