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sábado, 6 de octubre de 2012

El tiempo y la conciencia por el maestro Kosen


“En el budismo, hay tres tiempos, se dice a menudo: "Todos los Budas de los tres tiempos..." Obviamente, los tres tiempos son: pasado, presente y futuro. Pero en realidad, hay tres maneras de definir al tiempo, las tres son muy importantes para nuestra conciencia, para nuestra actitud ante la vida y la muerte. Son también tres reglas de tiempo, tres definiciones del tiempo. 

-La primera: Todo es impermanente, nada permanece, todo desaparece, todo cambia. No podemos apegarnos a nada.

-La segunda: El tiempo y el ser son no-nacidos y no desaparecen nunca. Es el mundo del espíritu, el mundo de Buda.

-La tercera: aquí y ahora. Solamente aquí y ahora es la realidad. Estos tres aspectos deben superponerse, juntarse con el fin de saber, como en un mapa, donde estamos.

Están los que sólo viven en el mundo de las apariencias, apegándose a lo que se manifiesta, a los amigos, lo social y que abandonan, olvidan, el mundo de los Budas. 


Están los que quieren todo el tiempo permanecer en el absoluto y se niegan a compartir, a mezclarse con el mundo del siglo, con el "social", considerando que no forma parte de la realidad divina y absoluta. 


Estas dos categorías de personas, se equivocan. 
Para terminar, cuando se encuentra el equilibrio entre lo absoluto y la impermanencia, nuestro aquí y ahora se vuelve el punto central del universo.

El "aquí y ahora" no se equivoca nunca. 

En zazen, se puede comprender lo que es aquí y ahora. 

En zazen, se reunen los tres tiempos. Todo es impermanente, pueden olvidarlo todo, darse cuenta que están solos. Pueden comprender el aquí y ahora porque justamente paran de mirar al exterior y pueden comprender esta existencia infinita sin nacimiento, sin desaparición”.

domingo, 3 de junio de 2012

La revolución interior


Enseñanza del Maestro Kosen


"El aprendizaje del zen se parece a la guerrilla : una pequeña parte de nosotros entra en el maquis para luchar contra el poder corrupto, ávido y mentiroso que dirige nuestra vida interior. Esta lucha parece sin esperanza pero aun así la emprendemos y, con conocimiento, y mucha perseverancia, hemos visto triunfar a algunos y liberarse de sí mismos.


El Zen del que hablo no es el aprendizaje de una meditación, es un refugio que el hombre posee desde siempre, un refugio de paz y de felicidad que aparece instantáneamente en cuanto se pone en práctica. Todos los seres humanos, sean quienes sean está capacitados para obtener este tesoro, e incluso si practican un solo día, incluso si no toman la postura más que un breve instante, esto tendrá una incidencia y transformará su existencia irremediablemente.


Descubrimos cosas completamente simples pero extraordinarias, como por ejemplo, el sentimiento de exitir. Todos hemos tenido la ocasión de experimentar este sentimiento, tan íntimo que nos parece eterno, inmortal. No nos parace posible que esta fuerza de vida pueda desaparecer, ni siquiera con la muerte. ¿No será esto la naturaleza de Buda?. Descubrirlo no es más complicado que eso. Con frecuencia creemos que las cosas extraordinarias son inaccesibles. Pienso que, originalmente, el mundo es el paraíso, la tierra prometida, que la vocación del hombre es ser el lado visible de Dios. Incluso lo extraordinario funciona de una manera muy simple.


Eliminar de uno mismo las complicaciones, los parásitos, las contaminaciones es suficiente para que la evidencia aparezca. La evidencia no fue inventada por nadie. No fue el Buda quien inventó la evidencia, ni ningún profeta, ni ningún revolucionario. Solo supieron, a veces, percibirla.


Si bien es cierto que a través de los verdaderos maestros surgen y se expresan evidencias revolucionarias, para un monje zen, es totalmente indecente esconderse detrás de un ideal revolucionario.
La revolución que hará del nuestro un mundo más evolucionado no puede consistir en enfrentar negros contra blancos, buenos contra malos, pobres contra ricos, perseguidos contra perseguidores... No puede ser así, por más que se trate de los primeros síntomas.


La percepción revolucionaria de un monje zen es mucho más profunda. Por ejemplo, con respecto a la revolución zapatista de Marcos, el resultado es evidente. ¿ Cómo alegrarse de tal fenómeno ? Es fácil para un intelectual detrás de su periódico tomar partido y utilizar para su propio cuerpo la energía revolucionaria de esa pobre gente que arriesga su vida combatiendo. Y en este fenómeno, la juventud, lo que está vivo, lo espontáneo, corre el riesgo de ser aplastado y aniquilado.


Desde hace muchos años es así en toda Sudamérica. Es como destruir un bosque para construir una autopista o un aeropuerto. Lo peor es que, aunque la revolución triunfe, rápidamente se vuelve rígida como el hielo. Los cubanos se escapan nadando hacia los Estados Unidos. Hace no muchos años, Mao Tse Tung proclamaba haber ganado la revolución, y hoy el mundo entero espera la revolución de la revolución. Si la revolución de la revolución llega a China, los chinos podrán tomar Coca Cola y tener tarjetas de crédito.
Entonces, ¿ qué actitud tomar ?


¿ No podemos creer en un mundo honesto y libre en donde cada uno se sienta responsable ?


Si queremos llevar a cabo una revolución tenemos que emplear el arma mágica que nadie puede atrapar ni detener. Para conseguir esta arma hay que trabajar sin descanso sobre sí mismo. Pero no sólo para sí mismo. Los problemas que nos planteamos sobre el mundo no deben ser abordados con un estado de espíritu ordinario sino con el cuerpo entero, con nuestra práctica de zazen. 
El poder mágico de zazen está más allá de todo lo que podamos controlar.


Cuestionar las propias concepciones revolucionarias es mucho más difícil que apegarse a ellas. Uno llega al silencio, imposible decir algo. Cuando se cuestionan sinceramente las propias concepcionees ya ni siquiera se es revolucionario, uno mismo se convierte en la revolución.
La revolución viva y silenciosa.


Sentarse firmemente, sin objetivo, quedarse inmóvil. Practicar zazen, kin hin, sampai, las tres posturas fundamentales, y samú, el trabajo cuya meta no es el beneficio personal sino el bien de todos. No pretender que se comprende algo. Dejar que espontáneamente emerja la verdad y la fuerza cósmica de uno mismo, enseñar la libertad profunda y la actitud justa a los demás, no para hacer propaganda, sino para ayudarlos realmente y difundir esta influencia para que el mundo evolucione.


Pero el mundo no evoluciona en una dirección conceptual. La verdadera revolución es la apertura de la conciencia y la responsabilización. Simplemente este silencio, esta evolución llevará al mundo entero dentro del torbellino, el torbellino de las cosas en su lugar, porque la naturaleza fundamental de todas las cosas es revolucionaria.






sábado, 10 de marzo de 2012

Enseñanza del maestro Kosen



“Somos la integridad de lo que nos constituye, tanto físicamente como a nivel de la conciencia. Pues soy la conciencia que tengo de mí mismo, soy la conciencia que tengo de mi cuerpo, la conciencia que tengo de mi conciencia misma, soy esta piel, esta carne, estos músculos, estos huesos, esta médula, soy estos sistemas que constituyen mi cuerpo, soy estas células, soy este ADN, soy estos átomos, y soy ku, vacío.

Se piensa que para elevarse en conciencia y en dimensión, es necesario elevarse, ir alto, más grande, alto en el cielo, más lejos. Lo más grande, lo más lejos posible, es la visión objetiva de las cosas; pero la visión subjetiva, es decir, la mirada de sí mismo, va hacia lo infinitamente pequeño. Es la misma cosa, pero es subjetivo, es lo que se es realmente, la mirada interior, no la mirada exterior.

Digo esto, es importante durante zazen, porque el zazen depende de su conciencia. Está claro que no es una gimnasia, aunque la postura es muy importante. Pues pueden hacer un zazen de carne y músculos pero pueden también hacer un zazen espiritual, pueden hacer un zazen celular, pueden hacer un zazen atómico, pueden hacer un zazen que regresa completamente al origen, al espíritu original, a dios, a buda, al punto cero, eso depende de su conciencia.

Lo que solidifica la materia y la realidad, es nuestro pensamiento. Es por esta razón, que se nos anima, cuando uno es principiante, a concentrarse directamente en los puntos de la postura dejando de seguir sus pensamientos, sus debates interiores. Es seguro que si se sientan, cierran los ojos y comienzan a discutir, repetir el pasado, recordarse, o pensar que van a hacer más tarde, pasarán por al lado de la experiencia directa de zazen.

Para que comprendan el valor de zazen, voy a proponerles un teorema propio de zazen:

Cuando no hacen zazen, no pierden nada. Y cuando hacen zazen, ganan.
La otra parte del teorema:

Cuando ustedes hacen zazen, no ganan nada. Y cuando dejan de hacer zazen, pierden.

Pienso que es útil practicar zazen en grupo. Pero no debemos apegarnos al grupo en tanto que grupo. Es como si el Buda hablara de la sangha. La significación de la palabra sangha, es decir el grupo de practicantes, es de un altísimo nivel. Sin embargo, practicar solo es diferente. Aquello que llamamos sangha, es el grupo sentado frente a la pared, cada uno solo pero juntos. La amistad, los grupos de amigos, la afinidad en el marco del grupo zen no tiene estrictamente hablando valor alguno, quiero decir con respecto a la práctica auténtica. Ningún interés, ningún valor, si se quiere es incluso una dificultad.

La práctica auténtica de zazen es algo que uno aborda solo.

Una gestión de grupo humano es una de las cosas más difíciles de realizar en la tierra. Nos damos cuenta de ello. Es un tema, un asunto extremadamente interesante, importante y vital a resolver por la humanidad. El Zen, sin embargo, no es política.

En la tradición auténtica se dice que hay un dios para cada órgano del cuerpo, cada víscera, cada articulación del cuerpo. De hecho, durante zazen, a cada respiración, a cada sensación enunciamos los nombres de Dios en nuestro interior…

Una vez, el emperador pregunto al maestro de Bodhidharma, Hannyatara, es una historia que me gusta mucho, el le dijo: "Usted hace mucho zazen, pero no hace muchas ceremonias, no hace muchas plegarias." Entonces el Maestro Hannyatara respondió: "Cada una de mis respiraciones es una plegaria."

La posición de zazen es bien particular porque ella hace de vuestra individualidad algo universal. Ella nos funde con lo universal. No vale la pena tener miedo, vuestro propio cuerpo, así está dicho en los textos, es el cuerpo de Buda”.

viernes, 24 de febrero de 2012

Enseñanza del Maestro Kosen


“Nuestro ser esta constituido, según la filosofía budista, de cuatro elementos que son: la tierra, el agua, el fuego y el aire. Estos son los cuatro elementos que constituyen nuestro cuerpo y también nuestra conciencia.

Comencemos pues, por el elemento tierra que es la gravedad, la solidificación de nuestra conciencia.

La realidad, la conciencia de los seres, también lo que soporta; el zazen toma apoyo en la tierra. Todo debe tomar apoyo, para devenir, para existir, para manifestarse. El agua es un elemento entre la materia y el vacío; es la memoria de lo que soñamos y que se realizó en nuestro sueño. El aire, durante zazen, es el vacío. El aire debe devenir sólido, consistente, cuando respiran, "Ku soku ze shiki", el aire debe manifestar su potencia, su fuerza. Deben tomar apoyo sobre él, es el secreto de la respiración. Antes les dije que debían tomar apoyo sobre la tierra, debemos tomar también apoyo sobre el aire.

Por otra parte, Dogen lo dice él mismo en el capítulo "inmo", donde dice que cuando caemos a la tierra nos servimos de la tierra para enderezarnos nuevamente. Después dice que cuando caemos en el vacío, nos servimos también del vacío para enderezarnos. Pues todo eso lo podemos comprender durante zazen. El fuego es la luz, es lo que permite transmutar un cuerpo vulgar, un ser vulgar, en Buda. Estos cuatro elementos están en plena actividad durante nuestra práctica.

El zazen no es solamente pasivo, es también creativo.

Allí es donde el agua interviene. No toman la buena postura solamente con su voluntad, con sus músculos, pero la conciben en tanto que Buda, buena postura, equilibrio, calma, sin tensión, sin angustia. Ustedes conciben, el agua recuerda. El agua lo manifestará. Somos casi noventa por ciento agua. Este concebir no es un pensamiento, es el pensamiento absoluto, el pensamiento sin pensamiento. La relación entre la tierra y el aire es muy importante. Es decir, entre esto en que toman apoyo durante zazen.

Decimos siempre: empujen la tierra con las rodillas. Eso y el aire, es decir, la respiración. No deben nunca parar de respirar, perturbados por sus pensamientos. Es encontrando el equilibrio entre el aire y la tierra que podemos abandonar el cuerpo y el espíritu.

El Maestro Ejo dijo: si su inspiración y su expiración va y viene en una armoniosa ida y venida (pues no hay expiración de un lado e inspiración del otro) hay unas idas y venidas, unas armoniosas idas y venidas, yo digo incluso, un círculo. Dice: si su inspiración y expiración va y viene en un armonioso vaivén, entonces no queda más que un zafu bajo el cielo vacío, exactamente el peso de una llama.

Allí nuevamente el fuego sobreviene, la llama, es decir, el fuego es la transmutación de la materia en energía”.

lunes, 14 de marzo de 2011

Enseñanza del Maestro Kosen durante zazen


Durante zazen no hay que entrar en un estado especial.

Por eso, en el dojo a menudo doy consejos sobre la postura para corregirla.
Concéntrense en la postura, y en los puntos importantes de la postura.

Entonces ¿cómo voy a corregir la postura? Digo, por ejemplo, "enderecen la
cabeza" o "entren el mentón."
Corregir la postura implica aceptar, concebir la incorrección. Y pues,
corregir su postura es hacerla indirectamente incorrecta. Posiblemente
esta enseñanza va a confundirlos un poco, pero...

Les digo en el dojo: "¡por favor, olviden el ego!."
Es difícil olvidar el ego con el cual se identifican durante todo el día.
Y cuanto más tratan de corregir la postura de su ego, más continúan reforzándolo durante zazen.
Pues, hay dos cosas importantes en el zazen:
-¡Una es olvidar!
-¡La otra es recordar!

Hay gente que dicen de su vida: "Yo en mi vida, a mi me gusta estar al tanto, yo quiero aprender más, aprender, siempre aprender, aprender... tuve muchos maestros, tuve un maestro japonés, tuve un maestro indio, un maestro de esto, un maestro de aquello; aprendo, aprendo..."

¿Pero qué hay pues que yo ya no sepa?
Sabemos todo esto desde el principio, desde hace tiempo. Desde la eternidad. Sabemos todo.
Entonces no se trata de aprender, sino de acordarse.
Tenemos miedo de morir y cuando morimos, nos acordamos que jamás hubo ni vida ni muerte.
Pero entonces ¿y el cuerpo?
Toda una historia para crear un cuerpo: nueve meses.
Comparado con la eternidad ¿qué son nueve meses? No es ni siquiera una fracción de segundo. Nueve meses de nuestro tiempo para olvidar lo que tanto procuramos recordar. Generalmente olvidamos los primeros meses y luego los primeros años... un año, dos años y de nuevo estamos allí, amnésicos, sobre esta tierra.

Zazen, es esto el secreto.

Entonces alguna vez le preguntamos a alguien:
- ¿Dormiste bien anoche?
Contesta:
-Super-bien. Dormí, no soñé. Me acosté y me dormí: ¡bang! No soñé en toda
la noche. Dormí bien.
-Oh, ¡qué bien! yo soñé que tenía insomnio. Durante toda la noche soñé que
me daba vuelta de un lado par el otro. Tuve sólo un sueño: soñé que tenía
insomnio.
Y de repente el otro dice:
-Oh, ¡ya está! Me acuerdo de mi sueño. ¡Finalmente soñé! Tuve un sueño
sagrado, muy, muy conciente.
Entonces, durante zazen, me preguntaba: "¿Hay que abrir o cerrar los ojos?
¿Bizquear o no bizquear?"

Hablé de esto durante varios kusenes. Lo Importante, no son los ojos sino lo que miran. Y lo que miran es acordarse. No identificarse con su ego, hay que olvidarlo. No es que no exista, pero es solamente un sueño, nuestro sueño. Así, como lo dice el Hokyo Zanmai: "este reflejo soy yo, pero yo no soy el reflejo".

Entonces ¿qué es el reflejo?".

El reflejo es nuestra vida terrestre, es nuestro yo, nuestras memorias
humanas y a lo que nos identifican. Efectivamente el reflejo soy yo, pero hay que acordarse de nuestra eternidad indeleble. No hay nada que temer. siempre fuimos esto, no hay nada que pueda destruir esto, nuestra verdadera naturaleza. ¿Por qué no acordarnos de esto, ser libres?

¿Qué es este sueño endeble?
Entonces, ¿qué es el zazen?

El zazen, este momento fabuloso, es el momento y el lugar, o el aquí y el
ahora si prefieren, donde el reflejo y su origen se vuelven sólo uno.
Donde el ego y lo inmortal se reúnen en esta postura sublime, esta actitud
sublime, al mismo tiempo física e inmaterial. No hay palabras, de todas
maneras no se necesitan palabras. Zazen es el alfa y el omega, para un ser humano es formidable, total.

Entonces el ego no está prohibido. Permite realizar la experiencia del tiempo y la vida diaria. Pero debemos crear nuestro futuro en el presente y a partir de lo eterno que está en nosotros. Crear nuestro futuro, enviarlo como barcos mensajeros hacia el horizonte de nuestro tiempo
lineal, para vivirlo más tarde, teniendo la memoria de su creación.

Es siempre un acordarse: "Oh, siiii ¡me acuerdo de esto! ¡Oh siii, claro, esto lo creé yo!".

Este es el arte de vivir nuestra individualidad en relación con nuestra eternidad.

Maestro Kosen
kusen (enseñanza) en el dojo de Montpellier

jueves, 10 de marzo de 2011

Práctica del Zen en Mar del Plata











¿Qué es el zazen y qué es el despertar?


Imaginen que trazan el contorno de sus siluetas con un pincel.

Partiendo de la cima del cráneo, desciendan por el lado derecho de la
cabeza, den la vuelta por la oreja, bajen a lo largo de la mejilla, el
cuello, el contorno del hombro hasta el brazo, el antebrazo, la mano, den
la vuelta por los dedos. Dedo meñique, anular, mayor, índice, pulgar, para
volver por adentro del brazo, doblando en la axila. Pasen luego a lo largo
del tronco, bajando por el lado exterior de la pierna, el pie y suban por
el interior de la pierna, hasta el sexo, luego vayan por el lado interior
de la otra pierna, el tobillo, el contorno del talón, los dedos del pie, y
suban por el lado exterior de la pierna, por la cintura, las costillas.
Vamos a pasar por la axila izquierda, por el interior del brazo, por el
pulgar, los dedos, y volver a subir por el lado exterior del brazo
izquierdo, la muñeca, el codo, subiendo por el hombro, el cuello, la
mejilla, luego la oreja y vamos a reencontrarnos en lo alto de la cabeza.


Habremos hecho el contorno del límite de nuestro cuerpo.
¿Entonces qué es el zazen? Es el comportamiento de lo que se encuentra
dentro de esta línea que trazamos, y también su relación con lo que se
encuentra fuera de ella. Una línea está hecha de puntos: mil millones, 2
mil millones. Entonces cuando la gente diga: “Ha! Haces zen, ¿qué es el
zen?” Entonces van a describir un punto. Evidentemente aquel punto, forma
parte de la línea que hace al contorno de nosotros mismos, pero es
solamente un punto. Van a, sin embargo, decir que el zen es esto. Por otra
parte la manera en que practican es así. Practican siempre un punto, que,
por cierto, forma parte de la línea, pero es sólo una parte ínfima. Hay
quienes, por ejemplo, no pueden dejar de cerrar los ojos, retorcer la
cabeza o mover el hombro y estar en la especificidad de un solo punto de
la línea.

El Maestro Deshimaru lo repetía incansablemente: “el zazen no es una
condición especial.” Entonces nosotros, teníamos veinte años, nos gustaba
mucho beber, fumar, tomar trips. “Ha! ¿No es ninguna condición especial?
¡No es divertido!” Deshimaru a menudo decía: “A Stéphane le gustan las
condiciones especiales.” Entonces decía: “el zen es la vuelta a las
condiciones normales.” Entonces era todavía peor porque para nosotros lo
normal era muy aburrido; esto quería decir seguir a esta banda de
imbéciles que definieron lo que es lo normal, lo que resulta una cagada.
Pero si se define la condición normal, esta misma condición normal se
convierte en una condición especial. ¿Me siguen? Pues no había comprendido
qué eran las condiciones normales de las que hablaba Deshimaru. Las
condiciones normales no son una condición especial. A veces, para
ayudarnos, el Maestro Deshimaru decía: “Son condiciones originales.”Así,
esto me gustaba más, ya.

Entonces cuando ya han practicado treinta o cuarenta años de zazen,
digamos si practican una o dos veces al día, 365 multiplicado por cuarenta
multiplicado por dos, esto da 30.000 puntos, el conocimiento de 30.000
puntos de zazen específicos. Pero 30.000 puntos es todavía insuficiente,
se dice que bodhidharma habría practicado 90.000 puntos de un solo golpe:
nueve años frente a la pared… todos estos puntos que son parte de la línea
que define a la silueta de este cuerpo. Ciertamente quedan muchos otros
por conocer ya que el punto no tiene espesor sino que existe en tanto que
punto como existen condiciones especiales, es infinito.
Pero esto todavía no es el verdadero zen del Maestro Deshimaru, aunque
todas estas condiciones especiales están incluidas en la condición normal.

Es en esto que insisto en el hecho de que el zazen último es el que
reconcilia totalmente la vida ordinaria y el nirvana, y esto lo dijeron
los Maestros. Es difícil de comprender, pero lo dijeron. Es el que
reconcilia las condiciones diarias de vida ordinaria con lo más profundo.
La postura es natural, la respiración tranquila, los ojos están abiertos…
es como si estuviéramos sentados en el autobús. Cuál es la diferencia.
Dónde está la diferencia. El Maestro Dogen lo explica en el Fukanzazengi,
donde dice una frase muy importante: “giren su luz hacia el interior.”
¡Solamente esto! Cuando se gira su luz al interior -no puedo decirles cómo
pero se enterarán de esto haciendo za zen- cuando se gira la luz al
interior, entonces el mundo interior y el mundo exterior no están
separados, todo se vuelve el espíritu. Todo se unifica.
Pero esta línea famosa ¿quién es el que hace el contorno de nuestro
cuerpo, delimita el interior o el exterior? ¿O es que son los verdaderos límites de nuestro ser?


Maestro Kosen

Enseñanza durante zazen (kusen)