Segundo Poema:
Maestro Sawaki
Buda y el demonio tienen el mismo rostro
"La verdadera naturaleza de la ignorancia es la naturaleza de Buda." Eso que llamamos "ignorancia", es la "no-comprensión." Esa es la raíz de toda confusión. De la misma forma que vemos una separación entre la ignorancia y el satori, también pensamos que Buda y el demonio son dos cosas diferentes. Pero no son dos. Comprender que Buda y el demonio tienen el mismo rostro exige una profunda contemplación, creo yo. No hay división en dos. Es una sola cosa que se puede ver en tanto que Buda y en tanto que demonio. La base es una. A este propósito, Shoken Kotaigo escribió: "Según el corazón del que lo posee, el oro puede ser un tesoro o un demonio." El oro, esa simple cosa, puede volverse un tesoro o un demonio. A menudo, por mucho que penen los padres para ahorrar dinero, eso no resulta beneficioso para los hijos.
¿Entonces es mejor ser pobres? A fe mía, si nuestro cuerpo está sano, irá bien; pero si la pobreza va a pervertir vuestro carácter, es una pobreza sin esperanza. Si no corrompe vuestro carácter, la riqueza puede ser buena. Es cómodo tener dinero. También yo lo sé. Pero según la persona que lo posee, el dinero puede ser amigo o enemigo. Si bien hay personas a quien la pobreza amarga, las hay también a quienes la pobreza refuerza su espíritu de independencia. Es sólo una cuestión de espíritu, una forma de pensar. Si hacéis algo mal, vuestro padre os regaña, pero cuando tenéis necesidad de él y no está, os sentís muy solos. Sin embargo no es más que un solo y mismo padre. Entonces, ¿dónde está la raíz de todo esto? Simplemente en nuestra manera de cegarnos. La fuente de toda ignorancia está en nuestra propia ceguera.
Miyamoto Musashi escribió el Dokukodo. Tomó prestado el título de una frase del Shodoka que dice: "Va siempre solo, camina siempre solo." Es muy divertido.
Para la práctica del samurai, el budo solo no era completamente satisfactorio. Generalmente se encuentra el bushido en el corazón del espíritu japonés. Es interesante constatar que estos samurais estaban comprometidos en la Vía del Zen. Si se mira el budo y el Zen (que se llama el Zen de los samurais), se tiene la impresión de que hay siempre una iluminación neta entre los samurais. Si se intenta comprender el lugar que ocupa el budismo en la vida de los samurais, aunque se anuden los cabellos en un moño, porten dos espadas y proclamen fieramente: "Yo soy Tal y Tal", a uno le embarga el sentimiento de que la actitud vital del Zenestaba encarnada en el samurai japonés. En las crónicas del budo se pueden encontrar muchos ejemplos que ilustran esto.
La segunda línea del Dokukodo dice. "No busques los placeres para ti mismo." La ignorancia humana, esta búsqueda de placer. Poco después, en la quinta línea pone: "Tómate a la ligera y a los otros en serio." Profundamente, no se toma uno mismo a la ligera. Debemos considerar la vida con gravedad. Pero los antiguos samurais que se hacían el hara-kiri pensaban todos que era justo poner fin a su vida. Consideraban las cosas con una daga puntiaguda sobre el vientre. "¡Si fracaso, me apuñalaré!." Ellos se tomaban a la ligera y a los otros en serio.
Pero en nuestros días es a los otros a quien sacrificamos. No se piensa más que en sí mismo, y en llenarse los bolsillos. Si alguien tiene un tropiezo, se lamenta, expresa numerosas quejas y huye. Eso es porque se toma en serio y a los otros a la ligera.
Después de esto, la sexta línea es alegre. El samurai de antaño tenía verdaderamente una buena manera de comprender las cosas. Musashi escribió este Dokukododurante sus últimas horas.
Se dice que murió el 191 día del 51 mes del 21 año de Shoho; escribió pues este texto una semana antes de morir. El original es un rollo conservado en Kumamoto.
Hay un individuo que ha venido a verme con los ojos inyectados en sangre, y el rostro mostrando los signos de una depresión nerviosa. Me ha dicho: "No sé si voy a aprobar el examen de funcionario." Probablemente quería practicar zazen para curar su depresión nerviosa. Entonces le respondí: "Si alguien como usted no aprueba el examen, es porque hay otros que son mejores que usted, así que, ¿no es ésta una razón para alegrarse?." "¿¡Qué!?", respondió él. Yo no puedo hacer nada si este tipo es un tonto que no puede comprender esto. Y como el mundo está lleno de esta clase de tontos que no pueden comprender las cosas a ese nivel, no merece la pena ni contar esta historia. "Si usted lo consigue, eso quiere decir que no hay nadie mejor que usted. ¿No comprende hasta qué punto es triste para nuestro país el que haya tanta gente inútil de su género?", le dije. "¡Oh!", respondió él. Estaría muy bien que la gente comprendiera las cosas a este nivel pero se contentan con lamentarse de sus propios fracasos. Sería mejor que pensaran: "Si no he aprobado el examen es porque hay muchos individuos mejores que yo. Aunque el Japón ya no es lo que era, todavía queda un buen número de gente dotada. Es mejor que me retire, y que esté agradecido por no haber conseguido el puesto." Pero la gente no comprende esto. Los que lamentan sus fracasos son más numerosos que los que se inquietan poco de sus propios asuntos.
Encontramos seguidamente: "En el bien como en el mal, no envidies a los otros." Los antiguos samurais no envidiaban a los otros, pero en nuestros días, numerosos son los que están roídos por la envidia. Es una situación deplorable y me gustaría corregirla de una manera o de otra.
Con la lectura de este Dokukodo, uno se apercibe de que, aunque sea muy corto, cada frase acierta el centro de la diana.
continúa...
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viernes, 4 de enero de 2013
Comentarios del maestro Sawaki sobre el Shodoka
lunes, 10 de diciembre de 2012
por el Maestro Kodo Sawaki
Primer Poema:
"No ve usted
a este hombre de la Vía que ha ido más allá del
estudio y vive sin esfuerzo,
sin rechazar la ilusión ni buscar la verdad"
En el Zen hay una obra titulada Hokyo Zan Mai.
El Shodoka, es el propio satori de Yoka Daishi. Es su propio satori interior. En lenguaje moderno podemos decir reflexión íntima. En todo caso, es un poema sobre el dharma del propio satori interior de Yoka Daishi, dirigido a toda la gente del mundo entero que practica el Zen y estudia la Vía. Así dice: "¿No ha visto usted...." Si preguntamos "¿Visto qué?", la respuesta sería: "¡Lo que voy a explicar!." En otras palabras dice: "No ve usted al hombre de la Vía que ha ido más allá del estudio y vive sin esfuerzo." Dicho de otra manera: "¿No ve usted el principio del universo entero?." Usted lo sabe todo sobre las fabricaciones humanas, etc., pero, ¿no ve usted al hombre de la Vía que ha cesado de estudiar y vive sin esfuerzo? ¿No ve usted el principio del universo entero? En otros términos, ¿no ve usted que el dharma del propio satori interior de Yoka Daishi no está separado de Buda, de mi y de los seres sensibles de las diez direcciones? Nuestra corrupción es el estado en el que estamos cortados del universo. Cuando el yo sale del universo entonces estamos corrompidos. Pero cuando tomamos personalmente el gran principio del universo sobre nuestros hombros, es lo mismo que decía Shinran Shonin": "Cuando reflexiono profundamente en el gran voto que proviene de los cinco kalpas de meditación de Buda Amida, estoy convencido de que fue hecho únicamente y en último lugar por mi salvación." Porque si se reflexiona profundamente, se ve que ha sido formulado únicamente y en último lugar por Shinran; Shinran a su vez toma sobre él la práctica de todos los seres sensibles. Además, no tenemos necesidad de buscar por todos lados seres sensibles inmersos en la ilusión. Si simplemente cerramos los ojos y reflexionamos, solamente por nosotros mismos podremos comprender bien cómo la masa de los seres sensibles vaga entre tormentos. Sin mirar fuera, reflexionando justamente sobre nosotros mismos comprenderemos con seguridad a los seres inmersos en la ilusión. Nosotros somos como un modelo reducido del mundo de las diez direcciones. Un profesor decía que cuando observaba lo que hacían los estudiantes, realizaba que era como si observara su propia vida. Incluso sin ser profesor, si miramos de la misma manera a los seres inmersos en la ignorancia, comprenderemos bien y exclamaremos: "¡Oh, son como yo!" Llevamos esquemas generales en nosotros mismos. Una persona ejemplar está simplemente soportando y reprimiéndose. A ella bien que le gustaría meterse en algún lío si estuviese segura de salir airosa; si le encanta beber, le gustaría abusar de la bebida, de la misma manera que le gustaría apuntarse a la mayoría de los placeres; sólo que está conteniéndose pacientemente. Puesto que esto es así, el satori de todos los Budas se vuelve la realidad del satori de montañas y ríos, de la hierba y de los árboles. Tal es el sentido de la frase: "Los seres sensibles y las cosas insensibles, obtienen el satori al mismo tiempo; la hierba, los árboles, el país entero sin ninguna excepción obtienen la budeidad." El propio satori de Buda es algo del universo entero. Así, si en respuesta a la pregunta "¿No ve usted el principio?, alguien pregunta "¿Qué principio?" decimos: "El hombre de la Vía que ha ido más allá del estudio y vive sin esfuerzo." Este al que llamamos "hombre de la Vía que ha ido más allá del estudio y vive sin esfuerzo" es una persona que incluso no se sabe en la ilusión. Saber que está uno mismo en la ilusión, es como el hombre que sabía que era un mendigo. Pero esto es algo que ocurre generalmente después que nos hemos vuelto plenamente conscientes. Un bebé no sabe que es pobre. Un hombre que sabe que es rico es un canalla arrogante. Pero durante la infancia lo ignoramos todo sobre la riqueza. "Tengo el satori." Esas son las palabras de un insoportable palurdo. No sabemos si tenemos el satori. Tampoco hay conciencia de la ilusión. No hay ni conciencia de ilusión ni conciencia del satori. Esa es la única dirección que podemos tomar. Así que no es necesario tener el satori o estar en la ilusión. En consecuencia, en el pasado no estábamos en la ilusión y ahora no tenemos el satori. Este estado es hishiryo. Pero aunque digamos "sin pensamiento ni concepto", eso no es en absoluto como si el alma subiese en un globo y se perdiera en la niebla. |
sábado, 1 de diciembre de 2012
Shodoka, El canto del despertar inmediato
miércoles, 11 de julio de 2012
El mundo brillante por Kodo Sawaki
La ignorancia es un caso de ceguera de sí mismo. Sobre esta vía, toda la vida es ciega. Nos oscurecemos vida tras vida. Los que de esta forma avanzan siempre hacia la oscuridad son llamados seres ignorantes. Para Buda no hay ignorancia. Para los seres ignorantes no hay naturaleza de Buda. Esto es un hecho. Incluso cuando se inclina delante de una estatua de Buda, un ser ignorante piensa: "¿Valdrá caro este Buda?", o ¿Cuánto me costará este Buda si lo compro?." Sea como sea, el Buda no responde. Desde su punto de vista no hay seres ignorantes. El Buda dice: "Estás bien, justo como eres."
Hay un individuo que vino a verme con los ojos inyectados en sangre y el rostro mostrando los signos de una depresión nerviosa. Me ha dicho: "No sé si voy a aprobar el examen de funcionario". Probablemente quería practicar zazen para curar su depresión nerviosa.
Los seres ignorantes están llenos de complejos. Ellos no lo creen pero el Buda repite: "Estás muy bien como estás." Si eres servidor, continúa así, está muy bien. Tus padres te permitieron nacer, fuiste a la escuela elemental y ahora ganas unos pocos pesos por mes. Tal como estás obtendrás el satori. Yo lo sé con toda certeza, dice Buda.
Esto es profanarse a sí mismo. La ignorancia es profanarse a sí mismo pensando: "Si hay algo mejor fuera de mí, entonces yo no valgo nada."
Es como el dinero. En lo que respecta a su utilización, que esté en poder de Buda o de un ser ignorante, es siempre dinero. El dinero no cambia.
Si es un estafador el que lo recibe, entonces le dará a este dinero un uso acorde. Un estafador ingenioso con un céntimo sería capaz de comprar un caramelo, utilizarlo de mala manera y volverse rico. En su bolsillo, incluso una moneda se convertiría en la primera pieza que le traería la fortuna. Un ser ignorante compraría el caramelo y ¡Glup!, se lo tragaría de golpe. Si una persona de gran piedad filial compra el mismo caramelo, ¿Qué uso haría de él?.
En la utilización del mismo dinero, aparecen diferencias en las personas.
El común de los mortales consagra cada jornada al servicio de la ilusión, es decir, dentro de la confusión. Pasan el día en lugares oscuros. En la parte oscura de la ciudad se ven a menudo pasar jóvenes fantasmagóricas con rostros seductores. Si ellas son seductoras, yo no lo soy; pero un hombre más guapo sería devorado por estas criaturas. Y no encontrará su libertad mas que cuando su bolsa esté vacía.
Ahí donde se encuentra el Buda, hay un lugar brillante. Sin embargo, en cualquier parte donde se encuentra un ser ignorante hay un lugar oscuro. Aunque se tenga dinero, se está a oscuras; aunque se sea pobre, se está a oscuras. No se puede ir hacia un lugar luminoso. Aunque se estudie, se está en sombras; se estudia en lo negro. Si no se estudia en absoluto, se ensombrece uno todavía más. Si se come, se come demasiado; y si se bebe vino, se bebe demasiado. Es una sola cosa, pero de esa manera, hay una diferencia. Así, incluso en la utilización de un centavo aparecen diferencias de persona.
Es lo mismo con un objeto o un período de tiempo. Para iluminarse, cualquier momento es bueno... . En la práctica budista no hay ni buen ni mal día. Desde el punto de vista de Buda, cualquier día es un buen día. De ahí el dicho: "Cada día es un buen día." Puede ser un día de gato o un día de elefante, pero no es un mal día. Por el contrario, para los seres ignorantes, incluso el día que obtienen algo es un día de mala suerte. Si un hombre que no tiene nada obtiene algo, pasará todo el día jugando y acabará por derrocharlo totalmente. Pensará: "Bueno, ahora ya tengo para comer; dejemos el trabajo para más tarde."
Durante la guerra ruso-japonesa, un hombre oyó decir que iba a recibir la medalla militar de la Orden del Ciervo Volante de Oro. Entonces pidió prestada una gruesa suma de dinero prometiendo devolverla cuando cobrara su pensión. Pasa el tiempo y dilapida el montante de su pensión y de su indemnización en lugares sombríos. Gastada en lugares brillantes o en lugares sombríos, es siempre la misma pensión. Contando con esta pensión, se endeudó todo lo que pudo. Contando con la medalla militar, pasa las tardes con las geishas. De esta manera su hogar conoció la desgracia y él no pudo reembolsar sus deudas. Hubiera podido utilizar este dinero en un lugar brillante, para la salud de su país, para el dharma o para la sociedad. La diferencia reside entonces en la dirección que se le da a un solo y mismo objeto.
En el capítulo Bussho del Shobogenzo está escrito: "No existe un momento que no sea el bueno, no existe un momento en que la naturaleza de Buda no se manifieste justo ante nuestros ojos".
En verdad, estas pocas palabras bastan para incluirlo todo. Se puede salir de camping y comer carne asada, o bien se puede venir a hacer zazen y comer avena y arroz. Se puede comer una simple sopa de arroz y quejarse; se puede comer una simple sopa de arroz y estar alegre.
Incluso nosotros, monjes, nos quejamos a veces. Algunos decidieron hacerse monje porque no sabían que hacer con su vida. Es lastimoso. Algunos no se atreven ni siquiera a comer un poquito de carne en público. Yo pienso que eso es lamentable, y lo es.
Pero con seguridad, el deber de los hombres no se limita a comer. Más valdría que se consagraran al dharma y que pensaran: "¡Qué feliz destino!, verdaderamente no me merezco este buen karma que hace de mí un monje y me permite buscar el dharma. Muchos son los que no lo pueden hacer porque no son monjes".
Ante la misma situación, entonces, uno puede lamentarse o alegrarse.
La verdadera naturaleza de la ignorancia
es la naturaleza de Buda.
El cuerpo vacío e ilusorio de la ignorancia
es el cuerpo del dharma.
martes, 28 de febrero de 2012
El secreto encanto de la tradición oral
miércoles, 19 de octubre de 2011
Enseñanza de Kodo Sawaki

"El cuerpo vacío de la ignorancia es el cuerpo del dharma."
En otros términos, la naturaleza absoluta del espíritu es la vida. ¿Tenemos verdaderamente la vida en nosotros mismos? El hecho de que tenemos que morir no quiere decir que no tengamos que vivir.
Utilizamos en general este cuerpo vacío para comer demasiado y embotar nuestro sistema digestivo, para beber demasiado y atrapar una cogorza, para descuidar nuestro trabajo y desear un salario. Si por una parte este cuerpo vacío de la ignorancia puede cumplir una acción del universo entero, por otra, las acciones limitadas cumplidas por esta naturaleza absoluta del espíritu pueden no solamente no ser moderadas, sino que incluso se obra mal. Es verdaderamente extraño.
El budismo es simplemente este principio.
Decís que no sabés cómo resolver Mu, el koan de Joshu. Cuentan que uno se puso a cuatro patas y ladró: "¡Guau, guau!", y que esta respuesta fue admitida. ¿Hay algo más estúpido? Eso demuestra una total ignorancia de
las circunstancias antiguas que rodeaban este koan. "Si en la oscuridad oís la voz de un cuervo que no emite ningún sonido, ¿pensarás que es un macho o una hembra?" Para pasar este koan, dicen que alguien se puso los dedos en las orejas, cerró los ojos e hizo ruidos roncos: "¡Kaa, kaa!." ¿Hay algo más idiota?
¿Cómo el instante presente puede ser transformado en yo eterno? ¿Cómo este momento puede ser vivido perfectamente? Eso es esencialmente lo que llamamos vacío. Todo momento debe ser vivido perfectamente. Bajo este ángulo, el cuerpo vacío e ilusorio es el instante, y el cuerpo del dharma es la eternidad. Esto es la verdadera práctica y el verdadero estudio de la Vía budista. Esa es la transmisión secreta. Como quiera que sea, la vida de Buda tuvo, ante todo, un principio y un fin. Aparte del hecho de que fue un Buda, él nació y murió. Quizás los dragones derramaran una lluvia de ambrosía desde los cielos, y las aguas brotaran de la tierra, o quizás dijo: "En los cielos y en la tierra, sólo yo soy honrado." Yo no lo sé.
Pero pienso que en su nacimiento él no se consideraba como un Buda. Y aunque todavía se esté debatiendo si su muerte fue a causa de un champiñón o de un trozo de cerdo envenenado, que yo sepa, el hecho es que está bien muerto.
Abstracción hecha de su budeidad, está muerto. Pero sea cual sea la parte de su vida que examinemos, ésta será perfecta. No habrá la menor tacha. Tal es el sentido del nombre "el perfecto Tathágata Shakya de virtudes innumerables." No hay necesidad de hacer resaltar ciertas escenas de su vida, ejemplares, como en el teatro. A cada momento, su yo era eterno. Eso es que el cuerpo vacío de la ignorancia es verdaderamente el cuerpo del dharma. Y por eso hacemos esfuerzos.
¿Lo que yo hago tiene vida? ¿Cuándo, cómo, eso tiene una vida? A menudo la gente no puede dejar de fumar aunque el médico le diga que eso es peligroso para los pulmones... .
Eso es la vida de la sabiduría del cuerpo del dharma. "La verdadera naturaleza de la ignorancia, el cuerpo vacío de la ilusión, es el cuerpo del dharma." Si no se lee atentamente, uno pasa totalmente por encima de estas dos frases. Pero el ser ignorante es el Buda; exactamente tal cual es, es Buda.
Eso puede parecer un buen negocio, pero no lo es. A decir verdad es una afirmación muy constreñida. A causa de ella, estas criaturas de la vida y de la muerte viven una vida sin ida y vuelta.
Aunque haya nacimiento y muerte, encontrar una vida sin escapatoria que ni va ni viene y, una vez certificada ésta, trabajar verdaderamente para esclarecerla, tal es la práctica budista. Allí, por primera vez encontramos una perspectiva luminosa. Las cosas ya no son solamente este lugar limitado sino un yo eterno. Y sin embargo, las
cosas que hace la gente están limitadas a los lugares donde llegan, y son tan inestables como los precios del mercado. Eso no es bueno. Hay una historia de los primeros años de la era Meiji sobre uno que intentó vender por
cincuenta yens la pagoda de cinco plantas de Horyu-ji. Otro cogió la imagen lacada de Buda ante la que se prosternaba día tras día, la pisoteó y la quemó. ¡Qué sacrilegio! Pero los seres humanos están siempre motivados e inducidos a error por sus circunstancias limitadas.
Un poema de Issa dice:
"La gente es parecida a gotas de rocío,
¿Están ustedes de acuerdo?"
La gente está totalmente falta de autenticidad. Es parecida a las gotas de rocío. Está totalmente extraviada por pérfidos granujas. Y su vida se vuelve irrevocablemente determinada, sin posibilidad de cambio. Así que si ustedes no tienen aquí el satori, si no realizan que esto es "eso", no solamente serán engañados por los otros, sino que además vuestro nacimiento en tanto que seres humanos no tendrá ningún valor.
Como se ha dicho: "La verdadera naturaleza de la ignorancia es la naturaleza de Buda. El cuerpo vacío de la ignorancia es el cuerpo del dharma." Ignorancia y satori no son dos cosas separadas. Debemos comprender el origen de lo que ciega el yo hasta hacerle pensar que son dos cosas separadas. Debemos asir el cuerpo del dharma, en el cual, tal como es, está la naturaleza absoluta del espíritu. La obra de nuestra vida es descubrir la cualidad viviente esencial en la verdadera naturaleza de la ignorancia y el cuerpo vacío de la ignorancia, a fin de asir esta cualidad viviente y poner todos nuestros esfuerzos a su servicio.
Una vez asido realmente el cuerpo del dharma, comprendemos que todos los seres sensibles tienen la naturaleza de Buda, y que la hierba, los árboles y el país, todo alcanza la budeidad. Esto está bien tal como es, y aquello también está bien tal cual es.
Todo es así.
En otros términos, comprendemos que todo es normal. No por haber alcanzado la edad de sesenta años somos mejores. Quince años están bien en tanto que quince años. Doce años en tanto que doce años. No nos volvemos mejores porque envejezcamos. Si comprendemos que las cosas están muy bien tal como son, entonces la condición normal es buena. Y no podremos hacer nada si esto, en tanto que adultos, no lo hemos comprendido.
martes, 13 de septiembre de 2011
La naturaleza de la realidad

Enseñanza del Maestro Sawaki
“Un poema del Shodoka de Yoka Daishi dice:
Cuando vemos la verdadera realidad, no existen ya los hombres ni la ley.
Al instante, nuestros actos más infames se destruyen.
Si utilizo mentiras para engañar a los hombres
Que caiga para siempre en el suplicio de la lengua arrancada.
La práctica del Budismo apunta a descubrirnos la verdadera realidad. Despierta de pronto en nosotros una necesidad imperiosa de saber a qué se parece. Ahora bien, el carácter verdadero de la realidad tiene por carácter único la ausencia de carácter. No es ni esto ni lo otro.
Todas las existencias del universo, todos los fenómenos sin excepción, son la verdadera naturaleza de la realidad. Está dicho en el Hannya Shingyô: "Todas las existencias están vacías de aspecto; no hay ni nacimiento, ni decrecimiento; ni mancha, ni pureza." Así es la realidad: sin belleza, sin suciedad, sin nacimiento, sin muerte.
Desde el punto de vista humano, podemos ver esta realidad. En nuestra época, los hombres, especialmente los intelectuales, esa gente acostumbrada a pasar exámenes y capaz de llenar un papel sobre no importa qué tema, intenta hacer correr su pluma para describirla, pero cuanto más lo intenta, más se sustrae de ella y lo que sale de su papel hace pensar en una minúscula pequeña caquita.
Es imposible para un ser humano ver la verdadera naturaleza de la realidad, por el hecho de que él es un ser humano. Nosotros, hombres, no podemos ver más que nuestro mundo de hombres. Un pez no ve más que su mundo de pez. Un ladrón ve ladrones por todas partes.
Uno me ha dicho que un magistrado decía con gusto: "en todo hombre veo un criminal." Decía sin duda la verdad. Este hombre se reconocía a sí mismo en las mentiras, por lo que es normal que piense en términos de culpabilidad.
Mirando el mundo con el ojo de Buda, todo es Buda. No hay más demonios. Todos los seres, sensibles y no sensibles, sonCuando se venera a un Buda y se es anticuario, se empieza por estimar el valor del objeto: "¿Por cuantos miles de yen podré venderlo?"
A partir del momento en que se ve un Buda, se le pone una etiqueta. Por eso todos los Budas han desaparecido.
El hombre ordinario de nuestro mundo dirá que yo no soy un Buda, sino un hombre como los demás porque me mira con gafas de color de hombre ordinario. Cuando lleva gafas azules, ve el mundo en azul. Si tienen el color del deseo, no ve más en el mundo que objetos de deseo.Por lo tanto, tenemos que comprender
Un hombre acaba de robar algo: tiene miedo y se escapa. Un policía se lanza en su persecución y mira a los paseantes preguntándose si el tipo que está delante de él es el ladrón. Por tanto, el perseguido y el perseguidor andar cada uno por un mundo diferente. He aquí porqué la verdadera realidad as tan difícil de aprehender.
Descubrir la verdadera naturaleza de la realidad, es abrazar de una sola mirada el panorama del universo. Cuando tenemos esta visión, hemos comprendido las enseñanzas del Buda.
Para contemplar el espectáculo del universo, no es necesario sacar el telescopio ni tampoco inclinarse sobre un microscopio. No vale la pena molestarse tanto. Basta con negarse a reconocer como verdaderas todas las ilusiones que nos ciegan. Hay que decirse "mis pensamientos son erróneos, este es falso, este otro también, todo es falso, yo lo niego." Si los alejamos todos, nada más existe en nosotros. Está escrito: "Cortando los lazos del karma, encontramos el apaciguamiento de todas las cosas. No pensamos más en términos de bien o de mal, no distinguimos más lo verdadero de lo falso."Abreviando, tenemos una visión total e inmediata de lo real. Entonces basta con mirar por encima de nuestras gafas, o mejor, quitárselas.
Asir el universo de un vistazo no es un problema de cantidad sino de calidad. Incluso aunque se pudiera evaluar la distancia de los confines del universo en miles de años luz, más allá quedará todavía lo desconocido. En el Sutra del Loto, la duración del universo está estimada en quinientos ciclos cósmicos. Infinitamente grande o infinitamente pequeño, el mundo es ilimitado. El verdadero problema no es ni el tiempo ni el espacio, sino la esencia del universo.
Al no abrazar el universo de una sola mirada lloramos y reímos. Cuando la visión es total, no hay ni atracción, ni repulsión: las cosas son lo que son y nada más. Esto no es más que esto; aquello no es más que aquello. Las obras sociales cualesquiera que sean tienen como meta hacer el bien y cuando no proporcionan felicidad al beneficiario, no se comprenden.
De hecho, nos dirigimos al hombre que sufre por ser pobre y dándole caridad, aumentamos su humillación y le dejamos todavía más insatisfecho que antes. Siempre digo que tendríamos que mendigar a los pobres. El indigente pensara: "Todavía se me puede pedir alguna cosa" e instantáneamente, encontrará de nuevo su dignidad de hombre. Por esta razón Shakyamuni pedía la limosna al más miserable de los miserables. No somos pobres cuando damos. Prueba de ello es que un hombre rico tiene horror cuando se la da una limosna, pues se le quita su atributo, el dinero, sin el cual no existe. En este ejemplo hemos atrapado de una mirada la esencia del universo. Una mirada tan lúcida no se explica: es echar el vistazo.
Antiguamente, no había ni lentes para mirar el cielo, ni rayos X, ni microscopio. Nada de todo eso existía. Entonces había que valerse por si mismo, equiparse con ojos capaces de ver bien porque no podíamos ayudarnos de ningún instrumento. Entonces, un día, por primera vez, un ojo percibió la realidad en su totalidad.Ese ojo, extraordinariamente agudo, se vio asimismo tan bien como a los otros. Penetraba la felicidad y también la desgracia. Mirando todas las cosas en este mundo con su ojo prodigioso, por primera vez le apareció un mundo donde no existía absolutamente nada.
Un día en las letrinas, un gusano cae sobre una placa de hielo. Mirando a este pobre gusano en peligro, un alma compasiva vino a socorrerle y le depositó en un lugar donde pudiera tener calor toda la noche. Al día siguiente, estaba muerto. Lo que para este hombre era la felicidad, no era la felicidad del gusano. Nos equivocamos al pensar que lo que hace la felicidad o la desgracia de los unos sirve también para los otros.
Hay que desarrollar el poder de nuestro ojo para ver de una sola mirada al pobre o al rico, al hombre o a la mujer. Cuando consideramos solo la felicidad de uno o de otro, no vemos nada. Cuando abrazamos todas las cosas de una sola mirada, dominamos el universo. De todas las formas, no se pueden hacer las cosas hasta la mitad, o pararse en el camino. No podemos quedarnos suspendidos en el aire. Hay que ir hasta el final y alcanzar la meta, el punto donde nos despertamos a la verdadera realidad.Cuando vemos la verdadera realidad, no existen ni hombre ni Ley.
Está dicho en un poema: "Nacimiento y muerte van y vienen, verdad del hombre. Para él los cuatro elementos y los cinco agregados son indestructibles." Se considera por error que un nacimiento es un feliz acontecimiento. Pero se puede nacer deforme o idiota. Entonces, no hay que meter sistemáticamente un nacimiento en el cajón de las felicidades.Constatamos a la vez la vacuidad del hombre y la vacuidad de









